Tengo una pijama a rayas. Creo que alguna canción decía eso; pero es verdad: azules y blancas. Mientras hacía… pensaba, porque no es incompatible... A veces no caemos en la cuenta; pero es que el pensamiento fluye por sí solo, cuando quiere – a la vez es el cuerpo el que hace y deshace en movimiento; arrastra; arrima; crea; siente; absorbe…-; y la mente tan independiente... quién fuera mente, ¿no?. Pues el caso, es que mientras me enjabonaba, y quitaba el azul de mi piel teñida, es lo que tiene estrenar vaqueros, mi cabeza me decía: que de qué y por qué si somos tan sumamente imperfectos, en el sentido amplio de la palabra, osamos en calificar y juzgar lo ajeno… Recordaba mientras tanto, todo a la vez, una conversación (messengera, debo aclararlo), en la que alguien apuntaba de otra, muy ajena a ese alguien, sin conocerla apenas:
“Me parece que (esa otra) es una inmadura y, en vez de dejar adoptar su debilidad en tu arropo, debería ahorrar dinero y encarrilar su vida, por ejemplo, yéndose a su país”.
Muy atrevida. En fin, no voy a deleitarles con divagaciones de lo que pienso del alguien que dice de esa otra; pero la cuestión es que si fuéramos capaces de ver nuestra mierda, nos moriríamos de la peste y, como estaríamos muertos, ya no podríamos ver la paja en el ojo ajeno, que no es poco. Y cualquiera pudiera pensar que soy una lista, precisamente porque en el ojo ajeno veo la paja, pero éste sí es un ejercicio auto reflexivo, y me fustigo pensándome murmurar a las 9 y diez en don ramón de la cruz, 19. Así que mañana intentaré ser mejor persona, pese a quien le pese, y son las 0:01. Y bueno, lo del pijama a rayas es coyuntural; tengo más.
miércoles 9 de septiembre de 2009
martes 23 de junio de 2009
Idea Vilariño
Una lluvia pausada, alargada, serena,
envolvente, inquietante, sostenida, perfecta.
He dejado la música, ahogué todas las voces
para escuchar la suya que suena tenazmente
como un hilo de plata dentro de un viejo odre.
Y me digo, rendida, sin voz, pausadamente,
que la lluvia cayendo hace un ruido de gente
cayendo sobre el mundo a lo ancho de los siglos
acompasadamente.
Dentro de mí no hay ruidos.
Hay cántaros vacíos, campanarios en ruinas,
hogueras apagadas, hay agotadas minas
blancos ojos de estatua, grandes estrellas huecas,
relojes sin agujas y libros sin palabras
y violines sin cuerdas.
Y un silencio espantoso en que cae la música
armoniosa, cansada, perfecta, de la lluvia
con un ruido de perlas contra el fondo de un cofre,
con un ruido de alas, de dedos; con un ruido
monótono, angustioso, ancestral, monocorde.
(Para D.D.!... Siempre habrá donde encontrar belleza; sólo hace falta cambiar la perspectiva de cómo miramos! Eternamente agradecida por todo lo que me das.)
envolvente, inquietante, sostenida, perfecta.
He dejado la música, ahogué todas las voces
para escuchar la suya que suena tenazmente
como un hilo de plata dentro de un viejo odre.
Y me digo, rendida, sin voz, pausadamente,
que la lluvia cayendo hace un ruido de gente
cayendo sobre el mundo a lo ancho de los siglos
acompasadamente.
Dentro de mí no hay ruidos.
Hay cántaros vacíos, campanarios en ruinas,
hogueras apagadas, hay agotadas minas
blancos ojos de estatua, grandes estrellas huecas,
relojes sin agujas y libros sin palabras
y violines sin cuerdas.
Y un silencio espantoso en que cae la música
armoniosa, cansada, perfecta, de la lluvia
con un ruido de perlas contra el fondo de un cofre,
con un ruido de alas, de dedos; con un ruido
monótono, angustioso, ancestral, monocorde.
(Para D.D.!... Siempre habrá donde encontrar belleza; sólo hace falta cambiar la perspectiva de cómo miramos! Eternamente agradecida por todo lo que me das.)
domingo 7 de junio de 2009
AHORA

No debiera pensarte / no debiera mentirme / no / ignorando lo cierto / celebrando las exequias del fin / de esto / de esto que no queda de ti en mí / debiera desconocerte / debiera alegrarme / sí / ahora / a (des)tiempo.
lunes 18 de mayo de 2009
DON MARIO
No será la muerte quien nos separe de ti porque siempre habrá donde converger contigo.

María,
Hoy es imposible no regresar a las tardes en San Joaquín o a tu habitación donde compartimos luz y libros de madrugada… cuando recitabas “Táctica y estrategia” y concluías “¡Es increíble!, ¿cómo puede ser?” Nadie creyó tanto en la palabra. Tejimos ilusión en “No te salves” y la descubrimos en su propia voz para ser nuestro credo durante todo el año; la disfrazamos de todo lo posible: juventud, llanto, optimismo, vida, risa. Una y otra vez… Lo que nos sumaba era “no te quedes inmóvil / al borde del camino”. Crecimos. Nos quedamos perplejas con “Si Dios fuera una mujer” teníamos tanto por entender alternando cuento y poesía. Nunca he visto tanta devoción en los ojos, en el brillo de tus ojos. Todavía resuena la cadencia de tu voz sobre las palabras. “Hagamos un trato” la utilizamos a nuestro antojo: la regalamos en cumpleaños varios; la dibujamos en la pared; fue alivio en soledades intuidas cuando aún no estábamos heridas; la consentida disculpa; la materia de lo que nos mantiene. Después vinieron muchos otros: “Viceversa”, “Corazón coraza”, el singular “Happy Birthday”… No tendremos que elegir jamás.
Como siempre fuimos de la mano (sin cogernos) al edificio de Ciencias Sociales de la UA, puede que hayan pasado seis años, y atesoramos el privilegio de escucharlo en una sala pequeña, todavía me debes el inmortal recuerdo (es tu venganza por haberte recortado de aquel otro) y nos llevamos “El olvido está lleno de memoria” y “La Tregua” con la certeza de que la tinta no se esfuma con el tiempo y que el recuerdo ahora es tangible. La anécdota de no reprimir la risa al unísono cuando en la videoconferencia confundió micrófono por altavoz y, todo hay que decirlo, nos miramos con la pesadumbre de saberlo viejo, pero cuánto nos reímos y cuánto le quedaba por regalarnos.
Le rendiste gran homenaje cuando me trajiste a casa un pergamino y con letra cuidada me presentabas a Mario y a Marco; tan dóciles vagando sobre el fondo de colores, no supe distinguir quién era quién. Me inculcaste la disciplina porque nunca antes había cuidado de otros. A Mario le recitamos versos y a Marco batallas. Fueron felices, fuimos felices.
Va por MARIO (desde ti) porque él (tan grande) siempre será en mí contigo a mi vera.
martes 12 de mayo de 2009
Abres la puerta sin pedir permiso y entras sólo para asegurarte que todas las velas están apagadas.
La tenue luz de la farola que invade la alcoba y el espejo muestran cómo te acercas; crees que finalmente me he quedado dormida y tu intención ya no es la de acompañarme. Algo se quebrantó.
He dejado la distancia suficiente para que nuestros cuerpos no se mezclen; para que no se añoren en la resentida madrugada. Es fácil sentirse torpe con los estados mutantes y estar en contra de los estados carentes. Dar vueltas en el colchón o mantener los ojos fijos en el infinito son de la misma manera: Aflictivos. Deplorables.
Llevo días conviviendo con Romain Gary y aún desconozco si hay una única promesa, si es al alba, si viene de Nina Kacew a Romain o viceversa. ¡Qué amor tan obstinado y cruel! Y pienso en el modo en que se tejen las relaciones; las enredaderas de vocaciones; los pactos de voluntades donde construir un propio nombre: el Nombre Propio. Un nicho de sacrificios que no cesan de reproducirse y la agudeza con las que se crean deudas en los deudos.
Sigo en el infinito pero el libro queda impune y mi boca se resiente (por eso de que los besos no sean).
De nuevo la puerta se cierra; la cierras.
La tenue luz de la farola que invade la alcoba y el espejo muestran cómo te acercas; crees que finalmente me he quedado dormida y tu intención ya no es la de acompañarme. Algo se quebrantó.
He dejado la distancia suficiente para que nuestros cuerpos no se mezclen; para que no se añoren en la resentida madrugada. Es fácil sentirse torpe con los estados mutantes y estar en contra de los estados carentes. Dar vueltas en el colchón o mantener los ojos fijos en el infinito son de la misma manera: Aflictivos. Deplorables.
Llevo días conviviendo con Romain Gary y aún desconozco si hay una única promesa, si es al alba, si viene de Nina Kacew a Romain o viceversa. ¡Qué amor tan obstinado y cruel! Y pienso en el modo en que se tejen las relaciones; las enredaderas de vocaciones; los pactos de voluntades donde construir un propio nombre: el Nombre Propio. Un nicho de sacrificios que no cesan de reproducirse y la agudeza con las que se crean deudas en los deudos.
Sigo en el infinito pero el libro queda impune y mi boca se resiente (por eso de que los besos no sean).
De nuevo la puerta se cierra; la cierras.
lunes 27 de abril de 2009
AQUÍ, MADRID, DOS MIL...
Aquí, Madrid, dos mil nueve;
una mujer sola.
Una mujer llena de Abril
de indeleble destierro bajo cielo gris
dirigiéndose hacia la ambigüedad fútil
hacia la confusión del confeso y de las errantes
quimeras - y la indulgente primavera
ya en abrupto llanto, Mayo, de lluvia…-
Aquí, Madrid, entre travesías
y distancias, una mujer: una mujer sola.
- Pronto se plantará mayo y después junio,
y abundante sombra, y finalmente, la evidencia-.
Una mujer con un recuerdo para nada
delante de su capricho para todo.
una mujer sola.
Una mujer llena de Abril
de indeleble destierro bajo cielo gris
dirigiéndose hacia la ambigüedad fútil
hacia la confusión del confeso y de las errantes
quimeras - y la indulgente primavera
ya en abrupto llanto, Mayo, de lluvia…-
Aquí, Madrid, entre travesías
y distancias, una mujer: una mujer sola.
- Pronto se plantará mayo y después junio,
y abundante sombra, y finalmente, la evidencia-.
Una mujer con un recuerdo para nada
delante de su capricho para todo.
viernes 24 de abril de 2009
Será porque duermes
Te quedas dormido en el sofá rojo
y yo espero que me contagies de calma
que tu sueño atrape al mío.
Las cortinas también rojas
bailan de viento,
el mutismo exagerado
con humo aún más rojo.
Te vigilo.
Tu cabeza descansa sobre una de tus manos;
la palma abierta
refugio de aliento.
Tras tus ojos,
en la oscuridad,
se tejen despropósitos
y otros anhelos.
En la sonrisa mínima
que se asoma
imagino al niño que no abandonas
y me pregunto
(justo en el cruce de tus piernas)
qué sucedería
si el mundo quedara suspendido
en este último suspiro.
y yo espero que me contagies de calma
que tu sueño atrape al mío.
Las cortinas también rojas
bailan de viento,
el mutismo exagerado
con humo aún más rojo.
Te vigilo.
Tu cabeza descansa sobre una de tus manos;
la palma abierta
refugio de aliento.
Tras tus ojos,
en la oscuridad,
se tejen despropósitos
y otros anhelos.
En la sonrisa mínima
que se asoma
imagino al niño que no abandonas
y me pregunto
(justo en el cruce de tus piernas)
qué sucedería
si el mundo quedara suspendido
en este último suspiro.
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